domingo, 24 de julio de 2011

CRISTO, UN AVATAR DE LA CONCIENCIA CÓSMICA O EL VERBO DE DIOS HECHO HOMBRE


El movimiento de la nueva era a la luz de la tradición  cristiana de la Iglesia Ortodoxa

Relación con la naturaleza

El desarrollo de la conciencia del hombre no se determina solo por la relación con Dios, si no que también por la relación con la naturaleza. En esta relación, se pueden distinguir tres períodos.
1.- La absorción primitiva del hombre en la naturaleza, la conciencia cósmica primitiva de la vida global ligada a la vida de la naturaleza.
2.- El desprendimiento en relación a la naturaleza, la oposición del hombre a la naturaleza y su lucha espiritual contra ella.
3.- La orientación hacia la naturaleza con el fin de dominarla.

A estos tres períodos corresponden concepciones diferentes de la naturaleza.

En el primer período, el hombre lucha contra las fuerzas de la naturaleza, pero en correlación con los espíritus de la naturaleza. Totemismo, chamanismo, etc.
En el politeísmo, se fracciona la imagen divina en la multiplicidad de lo natural, la vida del hombre está subordinada a los dioses de la naturaleza.
Pero ya en el mundo pagano se manifiesta la aspiración del hombre a elevarse mas arriba de la naturaleza. El hombre en el proceso de ascensión, se desprende del alma de la naturaleza, quiere adquirir la independencia, fundamenta su vida no en el mundo natural exterior si no en un mundo espiritual interior. Es el comienzo del segundo período que encuentra su expresión definitiva en el cristianismo.
La Redención operada por Cristo, nos revela otra actitud en relación a la naturaleza. Es solo a través  de El, que el hombre puede adquirir esta independencia espiritual y dominar  los poderes de los elementos naturales.
Era necesario desprenderse de la naturaleza,  vencer el paganismo, traspasar la demonolatría, el poder de los  demonios que aterrorizaban al mundo antiguo.
La magia se esfuerza en dominar las fuerzas demoníacas de la naturaleza y los cultos antiguos buscaban apaciguar a los dioses.
La Iglesia cristiana, opone el hombre al demonismo de la naturaleza, y prohíbe toda relación con sus espíritus. Era necesario a todo precio proteger al hombre del poder aplastador del infinito cósmico.

La revelación definitiva y la afirmación de la persona humana  no es posible sino en el cristianismo, en que se reconoce la importancia del valor eterno del hombre, del alma humana individual y su destino.

En el relato evangélico de la Natividad, los reyes magos representan el homenaje y el reconocimiento de toda la sabiduría antigua que busca su independencia con la naturaleza y la adquisición del conocimiento a través de ella. Los mismos astros les revelan el nacimiento de un Niño en el cual está la plenitud de la sabiduría.  En este Niño nace la verdadera nueva era en que Dios viene al mundo con la plenitud de su divinidad en el cuerpo concreto y único del Niño Dios.

La tercera etapa, es producto de otra actitud que se desprende del distanciamiento de la naturaleza y que se traduce por su mecanización. El hecho de depender de la naturaleza y de tener un actitud pagana frente a ella, no permitió conocerla científicamente y dominarla técnicamente. Aunque parezca paradojal, esto solo fue posible en el mundo cristiano. En la independencia del hombre frente al poder de la naturaleza y de la demonología.

El orden cósmico y  las criaturas,  que alaban  junto con el hombre, como expresan los salmos,   aún subsiste en la Edad Media. Pero el hombre medieval, llevaba una lucha espiritual con la naturaleza, con un ascetismo austero, desarrollando y concentrando fuerzas espirituales interiores. La persona humana se forjaba pero el cosmos subsistía para el hombre.

El tercer período comienza con el Renacimiento en Occidente. El hombre se orienta nuevamente hacia la naturaleza, con sed de conocer sus misterios. El humanismo del Renacimiento aspira hacerse señor de la naturaleza, la naturaleza pasa a ser exterior y netamente extranjera al hombre, ya no siente su alma, ella cesa de ser el cosmos y llega a ser un objeto sumiso a las ciencias  naturales y las matemáticas. Incluso el arte se transforma en una ciencia de observación  de la naturaleza en sus datos exteriores.
De este modo la concepción mecánica del mundo, debido a la libertad espiritual llevada a cabo por el cristianismo sobre la naturaleza, llega a ser una fuerza hostil al cristianismo mismo.

Un cuarto período

Un cuarto período es posible, en la actitud del hombre frente a la naturaleza. Orientándose nuevamente  hacia la vida interior y a través de la vida espiritual, se puede ver el cosmos en su origen y sabiduría divina  y en la fuerza del Espíritu Santo que lo sustenta. El cosmos volvería a ser un sacramento por el cual el hombre dialoga con Dios, ese es el testimonio de San Francisco de Asís en el  dialogo y la hermandad que nos  mostró con las criaturas.  Tal vez nos llevaría a comprender la interrelación y respeto mutuo por el cual el hombre  no destruiría su propio habiat.
La técnica y la ciencia somete  no solo a la naturaleza si no que también al hombre que llega a ser esclavo de la máquina.

Humanismo

Con la introducción en Occidente hacia fines de la Edad Media, de una teología aristotélica,  se rechaza la relación simbólica que une al mundo divino al mundo natural, desemboca primero al theismo en relación al mundo y luego al ateismo en relación a Dios.  El mundo divino desaparece cuando se le conceptualiza.
El dualismo engendra el positivismo agnóstico  y el psicologismo. El racionalismo  engendra el naturalismo y el materialismo.
Es gracias al humanismo que la ciencia se pudo desarrollar,  pero el humanismo se degenera en su contrario, llegando a la negación del hombre, a la destrucción de todo lo que es considerado humano incluyendo la propia naturaleza.
El humanismo  que no podía nacer si no, en una atmósfera cristiana,  se independiza del cristianismo, pero el cristianismo occidental queda sin embargo impregnado de este.


Reacción

Hoy nos enfrentamos a un panorama en que la  civilización humanista, racionalista, y tecnicista,  está en crisis. También  a un  cristianismo occidental que también está en crisis por el mismo humanismo introducido , en él la mística y la relación intima con Dios queda excluido a unos raros místicos poco comprendidos. La religión cristiana  en occidente se ha transformado fundamentalmente en un código moral y en posiciones mas bien  éticas y políticas. Por otro lado se ha perdido en gran parte  la relación del hombre con lo creado y ya no se considera la naturaleza  intrínsicamente imagen de Dios. En la mentalidad occidental incluyendo a los que se consideran cristianos, se cree poder explotar la naturaleza hasta el infinito, su libertad frente a ella les da un derecho mal entendido. 
En este panorama en que el hombre cree poder ser plenamente humano lejos de  Dios, en donde la no  comunicación con Dios se trueca en un vació de angustia que se pretende llenar con el consumismo y la distracción, muchos desconociendo las tradiciones espirituales cristianas, se vuelcan en la búsqueda de misterios, otras místicas y tradiciones espirituales ajenas al cristianismo, al margen de las Iglesia  y muchas veces  contrarias e ella.


La nueva era

El movimiento de “la nueva era” surge en California, hacia el año 1961. Es  normal concluye Marilyn  Ferguson,  que la conspiración de acuario se desarrolle en el seno de una población que puede sentirse frustrada por el sueño materialista vivido por su forma la mas hedonista y en una atmósfera  pluralista, sin tradiciones y que acoge a todas las filosofías posibles y a todos los cambios y experiencias .
Para muchos, el termino  “nueva era” se refiere a un momento decisivo de la historia. Según los astrólogos, vivimos en la era de piscis, que ha estado dominada por el cristianismo que será reemplazada por la nueva era de acuario,  a comienzos del tercer milenio.
La era de acuario adquiere una enorme importancia en el movimiento de la nueva era,  en gran medida  a causa del influjo de la teosofía, el espiritismo y la antroposofía.  Se hace un compendio entre las religiones del extremo oriente, con  sus antecesores esotéricos y gnósticos, entre los cuales se puede encontrar las tradiciones antiguas gnósticas y herméticas, y esotéricas de occidente, las practicas ocultas de Egipto, la cabala, el gnosticismo cristiano primitivo, el sufismo,  las tradiciones de los druidas, la alquimia medieval, el hermetismo renacentista, etc. Pero la matriz esencial del pensamiento de la nueva era, ha de buscarse en las tradiciones esotérico- teosóficas.
Gran influencia  en el  pensamiento de la nueva era, viene de  Helena Blavatsky,  médium rusa que fundó la Teosofía en 1875. Esta sociedad tenía por objeto fundir elementos de las tradiciones orientales y occidentales en forma de espiritismo evolucionista.

El cosmos se ve como un ente orgánico, el está animado por una energía  que también se identifica con el alma divina o Espíritu.
Derivado del espiritismo, se cree en la mediación de varias entidades. En el espiritismo clásico, los mensajes recibidos por los médium provienen de espíritus de los difuntos,  en el chaneling prefieren explicar su origen de otro modo,  la comunicación es con las diversas entidades que componen ese espíritu universal. El modo de comunicación depende del nivel de conciencia. El chaneling, representa la capacidad conciente por un individuo de acceder al gran Todo. Es lo que enseñan estas  entidades ellas mismas, que tienen únicamente un lenguaje monista (hay solo una realidad) y panteísta, (este todo es Dios).
En algunos movimientos actuales de la nueva era, consideran también como entidades, seres de otros planetas o que habitan dentro de nuestro planeta.

Cabe preguntarse desde la fe cristiana, ¿quienes son estas entidades? , ¿de donde provienen? .
Ya el apóstol Pablo nos advertía en
(Col.2,8)  “Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo”.  (2 Co. 11, 3-4)  , “( 2 11,14-15)   “ El éxito de esos engaños no es extraño. Satanás se disfraza en efecto en ángel de luz. No es extraño entonces que sus ministros se disfracen en ministros de justicia”.
(EP. 6, 12) “Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas.”

Según la Nueva Era, los seres humanos son capaces de ascender a estas esferas superiores invisibles. La Nueva Era implica una creencia fundamental en la perfección de la persona humana mediante una amplia variedad de técnicas y terapias, en resumen, una ascensión mediante nuestras propias fuerzas.
El viaje es la psicoterapia y el reconocimiento de la conciencia universal, la salvación no existe. No existe el pecado, solo hay conocimiento imperfecto. La identidad de cada humano se diluye en el ser universal y en el proceso de sucesivas reencarnaciones. Los hombres están sometidos al influjo determinante de las estrellas, pero pueden abrirse a la divinidad que vive en su interior, en  una búsqueda continua de una armonía cada vez mayor entre el yo y la energía cósmica divina.

El Dios del que habla la nueva era, no es ni personal ni trascendente, tampoco es el creador que crea y sostiene el universo sino, una energía impersonal, inmanente al mundo con el cual forma una unidad cósmica.
Todo es uno, esta unidad es monista, panteísta, mas exactamente pananteista. Dios es el principio vital, el espíritu alma del mundo, la suma total de la conciencia que existe en el mundo. Todo es dios.
La energía divina, cuando se recibe concientemente por los seres humanos, se suele describir como energía “cristica¨. Por ello, también se habla de Cristo, pero  no se alude a Jesús de Nazaret, no se menciona su nacimiento, su muerte en la cruz, ni menos su Resurrección. Cristo es un titulo aplicado a alguien que ha llegado a un estado de conciencia en donde el individuo se percibe como divino. En muchas figuras históricas como Buda u otros maestros espirituales, se ha revelado esa naturaleza crística.
La energía cósmica, la vibración, la luz, dios, el amor, incluso el ser supremo, todo se refiere a la misma y única realidad, la fuente primaria presente en todo ser.
La nueva era es básicamente una forma nueva de gnosis. Tiende a escoger de las religiones históricas solo el núcleo esotérico. En cierto modo niega la historia y no acepta que la espiritualidad pueda tener sus raíces en el tiempo o en alguna institución. Jesús de Nazaret no es Dios, si no una de las muchas manifestaciones del cristo cósmico y universal.

La fe Cristiana y la nueva era

Los primeros cristianos no esperaban la llegada de ninguna edad nueva, cósmica. La plenitud de todas las cosas había comenzado en Cristo, el Verbo de Dios encarnado. La segunda persona de la trinidad se ha introducido en la historia del hombre. La eternidad ha entrado en el tiempo.
La creencia gnóstica en fuerzas cósmicas , elimina la posibilidad de una relación con el Dios personal revelado en Cristo. Para los cristianos  Cristo es el creador del cosmos. Al hacerse hombre da la posibilidad de  que en El,  el  hombre y el cosmos entero reciban la plenitud del Espíritu Santo, es  decir se comuniquen las energías divinas no creadas, con las energías creadas de los hombres y del cosmos entero.
El conjunto de energías que constituyen el cosmos y su unidad,  para la fe cristiana, no se confunden con Dios ya que estas son creadas. Aunque estas energías creadas pueden ser penetradas por Dios mismo.
La posible unión con el cosmos para la tradición cristiana, es dada primero por la unión de la criatura con el creador  que pasa primero por una relación con Dios a través de sus energías increadas dadas por el Espíritu  Santo, en esta relación de dos energías la criatura mantiene su individualidad sin desaparecer en un todo divino impersonal. 
Por el contrario, la mística para la nueva era y las religiones o filosofías gnósticas, no se refiere a un encuentro personal con Dios trascendente,  con quien puede haber una  unión que no es lo mismo que fusión, para ellos la mística, es la experiencia provocada por un replegarse sobre si mismo, un sentimiento exaltante de estar en común unión con el universo, de dejar que la propia individualidad se hunda en el gran océano del ser.
Con frecuencia es una ascensión  del nivel de conciencia al cual  no todos tienen acceso, los  beneficios quedan restringidos a una aristocracia espiritual privilegiada.
La unidad con una conciencia cósmica,  es un concepto que nace de las religiones en donde no se  distinguen lo creado de un creador  personal y trascendente. Para estas, lo creado está pre-existente eternamente en una energía cósmica que se identifica con lo divino. Es por eso que estas religiones  o filosofías  son dualistas y a la vez monistas, la existencia terrena, carnal, no es la verdadera si no la existente en una conciencia  a otro nivel. Es monista porque toda esta conciencia es una sola en la cual se deben sumergir las individualidades para llegar a ser una.

Reencarnación o resurrección

Por el contrario, el elemento esencial de la fe cristiana es que Dios desciende hacia sus criaturas.  Aunque pueden haber técnicas, la autentica mística cristiana nada tiene que ver con las técnicas, es siempre un don de Dios a condición de volverse hacia el Padre en Cristo adquiriendo el Espíritu santo, sin la  humildad y el reconocimiento de  nuestro estado de pecado, no es posible este descendimiento del Espíritu Santo que nos hace participes de la vida divina, no solo en nuestra conciencia si no en la totalidad de nuestro ser incluyendo nuestro cuerpo.
De este modo el hombre no se salva a si mismo elevando su conciencia a una conciencia universal cósmica. La salvación es un don gratuito de Dios en la totalidad de nuestro ser , y en la carne misma que va a resucitar en Cristo.

Elementos cristianos  en la nueva era

Algunos movimientos que tienen relación o que son parte espontánea de la nueva era, incorporan bastantes elementos cristianos que hacen confundir y aparecer como que no se contradice con el cristianismo.
Para algunos cristianos,  no lo suficientemente armados para discernir,  se les hace mas digerible al ver que están incorporados algunos santos, hasta la misma Virgen Maria y el mismo Jesús Cristo.  Como ya hemos dicho este Cristo no es el hijo de Dios, no es una persona de la Trinidad, Cristo es un estado de conciencia que se reencarna sucesivas veces. Los santos cristianos como San Francisco u otros mencionados, se les  asocia a las tantas identidades espirituales, junto con extraterrestres, ángeles u otros que derivan de la tradición espiritista evolucionada de la cual ya hemos hablado, estos   ayudan a los hombres  a este cambio de conciencia etc.
A estos santos cristianos, no se les considera  su propia fe en Cristo como hijo de Dios, en su Encarnación. No se considera que estos santos pertenecieron a una Iglesia a través de la cual eran miembros del cuerpo de Cristo.

La Virgen

En ciertos movimientos de la nueva era como el de Triguerinho, se menciona a la   Virgen Maria,  pero como jerarquía responsable de un aspecto fundamental del rescate y redención,  para dar un paso en la evolución y comenzar a vivir un tiempo nuevo, con una raza que experimente un nuevo orden, es decir  la nueva era. No se considera a la Virgen María como  la madre de Dios  que engendró al Verbo hecho hombre. Sobre todo, consideran a la Virgen como  parte de unas jerarquías espirituales como un aspecto de la energía femenina que representa a la Madre del mundo etc., Para ellos, la virgen Maria  es una reencarnación de Mainhdra que canaliza la energía de los espejos del cosmos para distribuirla en el planeta.

La resurrección de Cristo

“Cristo ha resucitado, en verdad ha resucitado” .
Esta es la exclamación de Pascua en las iglesias ortodoxas, es el saludo que los ortodoxos deben practicar al menos durante un mes después de Pascua.
La Pascua para los ortodoxos es la fiesta de las fiestas, es el centro de la fe, todo está impregnado de la resurrección de Cristo y esta visión y alegría pascual debe acompañar a los cristianos desde una pascua a otra, ¿por qué?


La resurrección de Cristo es la revelación de que esta creación incluyendo la realidad corporal da cada persona, está destinada a tener vida eterna,  es decir a unirse  con  Dios.  La realidad carnal y terrenal no es una situación ilusoria que nos separa del verdadero conocimiento, y del cual debemos salir o remontar como lo conciben las tradiciones gnósticas y del extremo oriente.  Dios se hace hombre,  para que el hombre pueda unirse con Dios desde su realidad actual. Esta fe no es fácil de aceptar puesto que naturalmente, con nuestro intelecto natural, no se puede concebir que lo divino pueda habitar en nuestra realidad corporal. Es por eso que las tradiciones espirituales de las religiones no reveladas,  el acceso a la divinidad es mediante el intelecto o la consciencia, para  alcanzar una conciencia cósmica superior. Para ellos  la carne es una realidad pasajera y puede cambiar en sucesivas reencarnaciones hasta que la conciencia llegue a un estado superior.

Y la palabra si hizo carne

Para los cristianos, Cristo viene al mundo como Hijo del hombre y en su naturaleza de hombre está la plenitud de lo divino,  junto a  su naturaleza humana se encuentra su naturaleza divina  que de una manera inefable forman una sola persona en Jesús.   Es el misterio de la segunda persona de la trinidad, el Verbo hecho carne. 
Esto significa dos cosas,  nosotros y el cosmos entero es creado por Dios a través del Verbo, lo creado si bien es creado, posee la sabiduría de Dios y está llamado a participar de la vida divina increada.
San Juan, al comienzo de su evangelio (1, 14-15) dice lo siguiente,
” Y la palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros y hemos visto su gloria  que recibe del Padre como Hijo único”  
El Verbo al hacerse hombre  como nosotros en Cristo, reestablece en El, la posibilidad para todos de la unión con Dios que poseían nuestros primeros padres y el cosmos entero antes de la caída. Por eso, porque  en Cristo habita la plenitud del ser, la plenitud del Espíritu Santo, es en El, que cada hombre puede recibir a Dios mismo a través de sus energías no creadas.


Reencarnación o resurrección

Para la doctrina de la reencarnación, la carne es pasajera, es un envoltorio que se cambia, el espíritu de las personas se reencarna sucesivas veces según la doctrina del Karma hasta la purificación total y unirse y desaparecer en el Nirvana.  Para ellas, el cuerpo y la persona no están llamados a resucitar y permanecer en su individualidad personal junto a Dios.
Para el cristianismo cada persona es única e irrepetible, con toda la realidad de su ser en su estado actual.  Si bien no participamos aún de la plenitud del ser debido a las consecuencias de la caída, estamos llamados a ser templos del Espíritu Santo,  aquí y ahora.  Aunque  la plenitud de esta relación que se reestablece en Cristo con el Padre por medio del Espíritu  Santo, solo ocurrirá con la resurrección general, esta realidad espiritual comienza ya en nuestra realidad actual y corporal.
Por  eso la Iglesia ortodoxa, cree en algo que es fundamento en el cristianismo , la  resurrección  que vendrá en la segunda venida de Jesús Cristo, que es el acontecimiento final, el fin de la historia, en donde el destino de lo creado y de todos los hombres será cumplido definitivamente, lo cual corresponde  a  la unión con Dios,  perdida por el pecado de nuestros primeros padres.

La historia tiene un comienzo y un fin, es por eso que el sentido de la historia solo se da en el mundo cristiano. Tanto en el mundo pagano como en las religiones del extremo oriente, no hay historia no hay un comienzo ni un fin porque lo histórico, nuestra realidad actual no tiene sentido,  esta debe sobrepasarse a una realidad de conciencia cósmica preexistente, o la realidad sigue siendo un eterno devenir trágico y sin sentido, tal como lo expresa  la tragedia griega.

El fin de los tiempos
 
La plenitud del conocimiento viene al mundo en un niño como lo reconocen los reyes magos, en los relatos evangélicos de la Natividad. Desde ese momento ocurre el único y verdadero cambio en la humanidad, la nueva era viene con la llegada de Jesús y transcurre hasta el fin de la historia con la segunda venida de Cristo. 
Estamos en el período llamado fin de los tiempos en el cual se libra una batalla entre la luz y las tinieblas, este período transcurre desde la venida de Cristo al mundo, hasta su segunda venida y la resurrección general.
En este período los hombres ya no dependen de la sujeción y relación con el cosmos, no dependen de los chamanes o magos que hacen de intermediarios con las fuerzas cósmicas y los espíritus, tampoco de los sacerdotes levitas del pueblo de Israel como intermediarios entre Jehová y su pueblo.
Ni los espíritus intermediarios entre Dios y los hombres, ni los demonios a los que hay que aplacar son importantes. Cristo viene a exorcizar al mundo de las influencias demoníacas, que de alguna manera tienen prisionero a los hombres. Cristo viene a derrotar la muerte que encadena al hombre a una fatalidad, la muerte es mirada de frente y ya no se le esquiva con las reencarnaciones u otras doctrinas, también es mirada de frente la realidad de la carne porque ésta va a resucitar. 
La sabiduría ya no solo es asequible a una aristocracia  espiritual que logra desligarse de la sujeción a la naturaleza a través de su intelecto o de técnicas espirituales. Dios viene al  hombre  y puede llegar a cualquier hombre en el estado o condición en que se encuentre.
El buen ladrón crucificado a la derecha de Cristo, a pesar de sus crímenes,  por su sola fe en el Mesías, Cristo le promete el paraíso. El mas terrible de los ladrones o el mas tosco de los hombres puede alcanzar inmediatamente la salvación y la sabiduría, esté o no esté en una condición superior de conciencia. Ya no dependemos de las influencias de los astros, ni de las influencias positivas o negativas de los espíritus, no depende de tal o cual magia para protegerse o pactar con las fuerzas cósmicas, tampoco de un estado de conciencia superior alcanzado a través de sucesivas reencarnaciones o de un prolongado entrenamiento ascético.
En el cristianismo, tampoco se niega el camino ascético, el camino del monje cristiano es vivir en la tierra de una manera profética, en lo que se llama el estado angélico, como si ya viviera ahora lo que será en el reino. Dios accede tanto al uno como al otro según la vocación o el llamado.



Creación y Creador

Lo creado ya no se confunde con el Creador, lo divino está mas allá de las cosas creadas y de todas sus energías que las constituyen.
Dios se hace hombre una sola vez para siempre y Jesús no es otro avatar mas de la conciencia cósmica que se re encarna en El.  Dios viene al hombre en Cristo, para que el hombre pueda volver a Dios. Desde ya, cada hombre o mujer puede adquirir el Espíritu Santo y participar de la vida divina.  
Cristo es una persona histórica de carne y hueso,  tuvo un rostro determinado, esta realidad histórica y única que se llama Encarnación,  es manifestada y afirmada con el arte sacro del icono. Cristo plenamente hombre y plenamente Dios, nos muestra a la vez nuestra plenitud de hombre o mujer, nuestro verdadero rostro. Nuestra verdadera humanidad es en la medida que en Cristo, adquiramos el Espíritu Santo y nos reencontremos con el Padre, en la plenitud única de nuestro ser que comprende cuerpo y alma.

La transfiguración

En el acontecimiento de la  trasfiguración relatado en los evangelios, se nos muestra la plenitud del Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo y la posibilidad de los apóstoles de ver con sus ojos carnales este  cuerpo resplandeciente de esta luz divina. Esta luz  es la luz increada, con la cual Dios se da a los hombres, los apóstoles la pueden ver  porque ellos mismos están bañados de esa luz .
En este acontecimiento ,  Jesús muestra a 3 de sus discípulos ,  el fin del camino  antes de emprender el difícil camino de la pasión y muerte , muestra la meta ante de recorrer el camino. Pero esta meta  mostrada en  la transfiguración de nuestro Señor , es la meta ofrecida a  toda la humanidad al final de los tiempos. El cuerpo transfigurado de Cristo que se hace visible a sus discípulos en ese momento,  es el destino ofrecido a los hombres y el cosmos entero con  la adquisición del Espíritu Santo ahora y la transfiguración de nuestro cuerpo mortal en un cuerpo resucitado al fin de los tiempos.

Rostro de Dios y rostro de los hombres

La imagen de Cristo como la de todos los santos es muy  importante en el arte cristiano ortodoxo, no cualquiera imagen, si no la imagen del  cuerpo y rostro histórico de cada uno pero  en otro estado, en el estado resucitado o transfigurado. Así como el rostro y el cuerpo de Cristo es único, también lo es el de cada persona, pues  va a ser resucitado el ultimo día,  en el fin  de los tiempos, con la segunda venida  de Nuestro Señor Jesús Cristo.

Comunión con el cosmos.

La unidad cósmica para el cristiano, se da en la unidad con Dios a través del Espíritu Santo, en esta unidad espiritual el hombre percibe y entra en una unidad espiritual con todo lo creado. 
Se comprende mejor las imágenes bíblicas, ”los cielos narran la gloria de Dios, las montañas aplauden” ( Ps.19,2,  98,2).
Esta intimidad profunda, esta común unión de esencias entre el cosmos y el hombre explica el plan sacramental en que la materia cósmica se hace conducto, vehículo de la gracia, de las energías divinas.
 


Sabiduría divina

El hombre espiritual cristiano no es que se remonte a una conciencia cósmica si no que en su adquisición del Espíritu Santo, contempla lo que normalmente no se ve por el estado oscurecido debido a la caída. En su espiritualización  penetra en la esencia de las cosas, contempla la sabiduría divina creada que condiciona y estructura toda unidad concreta del mundo, lo que une lo múltiple, el rostro velado de la sabiduría creada.
El hombre reconocerá la belleza del mundo en la medida de su común unión con el Espíritu santo.

Los santos cristianos.

El santo posee una intuición inmediata de la unidad y la sabiduría divina que subyace en todo lo creado, y concibe el mundo incluso en el estado actual como lleno del Espíritu Santo, “el cielo y la tierra están llenos de tu gloria”
El orden natural es así conforme a la gracia deificante. San Juan Damasceno define la ascesis como “el retorno de lo que es contrario a la naturaleza hacia lo que le es propio“
La lucha del asceta cristiano, no es nunca contra la carne, si no contra la deformación de esta y su tendencia.
Por Cristo, la integridad de nuestra naturaleza es restaurada. El representa (arquetipo) lo que somos nosotros e inversamente, en Cristo nos hacemos semejantes a el.
La santidad y los milagros señalan para el hombre el retorno a su poder inicial y la fuerza de la Resurrección operando desde ahora.

San Francisco de Asís no se funde con un Dios que subyace en la energía  que constituye lo creado, si  no que a través de  su unión con Dios, se une en una relación de hermandad con todas las cosas creadas. Es muy diferente a un panteísmo espiritual. Por eso la espiritualidad de san Francisco es activa y es histórica, desciende a las criaturas con una inmensa compasión,  por eso acoge a los pobres y leprosos como  hermanos. Su misericordia en la tierra es a la semejanza de Cristo.

El santo cristiano no es santo porque su conciencia se ha elevado a un estado de conciencia superior o porque se a purificado en sucesivas reencarnaciones, no es santo por sus propios medios, lo es por un don gratuito del Padre,  no lo es por las proezas de técnicas de meditación si no porque se ha reconocido pecador y se ha vuelto hacia el Señor.
En la medida que ha renunciado a si mismo y ha muerto al viejo hombre,  se le ha dado gratuitamente el Espíritu Santo.  El santo cristiano no es un avatar de sucesivas reencarnaciones, es la premisa de la resurrección ofrecida a todos los hombres en Cristo.


Bibliografía


- Berdiaev, N. (1992). Esprit et Liberte. Paris: Ed. Desclée de Brouwer.
- Berdiaev, N. (1976). Le sens de la Création. Paris: DDB
- Biblia de Jerusalén.
- Evdokimov, P. (1969). La Ortodoxía. Madrid: Ed. Paulinas.
- Pontificio consejo para el diálogo interreligioso (2003). Jesucristo, portador del agua de la vida.   
  Disponible en:
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/interelg/documents/rc_pc_interelg_doc_20030203_new-age_sp.html
- Vernette, P. (1990). Le Nouvel Age. Paris: Ed. Tequi.





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